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lunes, 17 de marzo de 2014

El diseño emocional: el diseño de los detalles que marcan la diferencia

Entrar en una tienda de apple, oler un libro nuevo, desenvolver un regalo empaquetado con esmero, perderse entre los canales de Amsterdam,... pueden parecer experiencias aparentemente inconexas pero todas mueven algo en el interior de muchas de las personas que las experimentan.

Hace unos días tuve el placer de viajar a mi amada Amsterdam, es una ciudad que literalmente "me alegra el corazón", y fue estando allí cuando me pregunte ¿qué tiene está ciudad para hacerme sentir así? (a estas alturas muchos graciosos estarán pensando en los coffe shop, ¡pero no! esa no es la respuesta). Inmediatamente al hacerme esta pregunta comencé a enumerar mentalmente una lista de detalles muy concretos: sus casas que parecen sacadas de un cuento, la limpieza del aire, los verdes horizontes de las afueras, la educación de sus gentes, su delicioso queso, los barcos-casa,... No hay detalle, adjetivo o circunstancia concreta qué haga que para mi Amsterdam sea un lugar especial, es un conjunto de atributos.

En múltiples ocasiones la psicología ha estudiado la comúnmente llamada "intuición" o "sexto sentido", que no es más que distintos filtros atencionales de nuestro sistema cognitivo. Al cabo de un día un ser humano se expone a cientos de estímulos, si captásemos todos ellos con igual intensidad nuestro sistema colapsaría. Es por esto, que nos vemos obligados a priorizar y organizar la información con la que somos bombardeados, quedando un porcentaje de dichos estímulos, como información complementaria o secundaría. Este efecto suele verse muy claramente cuando analizamos conductas expertas: por ejemplo, un cocinero, sabrá por el olor, color, y un sinfín de variables más que un plato está en su punto, en un primer momento probablemente le cueste explicar a un aprendiz de cocina por qué la cocción ha llegado a su fin, simplemente "lo sabe", pero en cuanto se pare a pensarlo unos segundos podrá enumerar un conjunto de características muy concretas.

Del mismo modo que este "cocinero experto", los seres humanos somos "expertos" del mundo que nos rodea: qué cosas nos gustan, qué personas nos hacen sentir cómodos, qué productos preferimos a otros,...

Y es precisamente este conjunto de estímulos que percibimos constantemente sin ser conscientes de ellos, lo que harán que un usuario prefiera utilizar nuestro producto, servicio o experiencia en lugar de usar el de nuestro competidor. Y esto señores, es el "alma" de nuestra profesión: hacer un diseño visual cuidado hasta el último pixel, escribir un mensaje de error que aporte feedback valioso, generar interacciones predecibles,... Muchos de estos detalles pasarán desapercibidos aparentemente para nuestros usuarios, pero siempre terminarán diciendo "esta web/tienda online/app tiene algo que me hace sentirme cómodo o seguro".

¡No descuiden los detalles!

lunes, 3 de febrero de 2014

La evolución de un UX

Mi nuevo lugar de trabajo
Como la mayoría de los que nos dedicamos a trabajar en el ámbito de la Experiencia de Usuario llegué a esta profesión sin saber muy cómo ni por qué.

En mis primeros años en la facultad de psicología nunca habría imaginado que terminaría trabajando en "esto de la UX" (principalmente porque en aquella época no sabía ni lo que era), pero fue precisamente allí cuando a finales del 2008 y de forma casual terminé realizando un periodo de beca en Telefónica I+D (actual Telefónica Digital), que acabó alargándose a casi 3 años de colaboración. Tuve el placer de aprender de grandes profesionales y trabajar en proyectos de innovación que difícilmente se encuentran en otras empresas. Literalmente tuve la oportunidad de aprender un "oficio" del mismo modo que aprende un artesano. Está claro que mi formación y experiencia previa en investigación teórica en la facultad ayudaron, pero debido a la falta de formación "reglada" no hay demasiadas vías para aprender esta profesión que no sea precisamente trabajando.

Trabajar para una multinacional tiene sus ventajas: gran cantidad de equipos e infraestructuras y grandes proyectos. Pero para alguien que es bastante "culo inquieto" como es mi caso, la perspectiva de alargar en exceso mi trayectoria profesional en el mismo lugar donde la comencé me animó a buscar nuevos retos. Fue entonces cuando Rafa Mérida y Rosa y Antonio Más me dieron la oportunidad de levantar el departamento de investigación UX en ideup. Durante casi 2 años y medio he podido aprender en el contexto de una consultora, siguiendo todo el proceso: desde la venta de proyectos, hasta la entrega final, unido a la gestión de un equipo. Si tuviera que quedarme con un aprendizaje de esta etapa sería la gestión humana, ha sido sin duda el reto más complejo y enriquecedor.

¿Y ahora? pues a partir de hoy comienzo mi etapa Freelance. Muchos creerán que estoy loca: "con la que está cayendo dejar un buen trabajo y lanzarse al inestable mundo del autónomo". Llamadme loca pero para mí era el siguiente paso en el camino, un nuevo reto: sacarse uno mismo las castañas del fuego, buscar clientes, gestionarse el tiempo y los recursos. Pero al mismo tiempo supondrá un cambio en mi estilo de vida, disfrutar de los pequeños detalles: poder salir a correr en el mejor momento del día, poder viajar con mayor flexibilidad (al fin y al cabo mi trabajo está donde esté mi portátil), tener tiempo para cocinar y comer de forma más saludable, organizar mi tiempo de diferente forma para poder disfrutar de familia y pareja,...

A partir de hoy estoy decidida a llevarle a contraria a Garfield "I love Mondays!!"